La maldición de mi pueblo

Published on Panama profundo.org, Colectivo Panamá Profundo, 03.10.2007.

Un fantasma recorre el territorio nacional. La muerte y la desesperanza se han apoderado de las comunidades campesinas e indígenas en todas las comarcas. Los gobiernos, los políticos y sus partidos son aliados naturales de la corrupción, la trampa, el robo, la violencia y la violación a las leyes.

La hipócrita alarma de los medios por las muertes de niños y niñas dentro de la Comarca Nógbe es insuficiente. Los medios masivos son tapadera de los mega negociados y las mega corrupciones que estrangulan a las mayorías nacionales.

Los órganos de poderes del Estado panameño están abarrotados de los más SUPREMOS corruptos y negociantes del hambre, la miseria y la violencia que acogotan al pueblo-pueblo de Panamá.


Una mirada en campos, barrios y ciudades, causa espanto. Los envenenados por las autoridades de salud, los calcinados por la mafia del transporte, las muertes y asesinatos impunes en la construcción y fuera de ella, la muerte de niños en las Comarcas indígenas, los negociados en la construcción y en la ampliación del Canal, como fantasmas, recorren la geografía nacional.

Robos, secuestros, asesinatos, extorsiones, narcotráfico, negociados, violaciones, ladrones, secuestradores, asesinos, extorsionadores, negociantes y políticos se han convertido en el veneno y la violencia nuestra de cada día.

El “Manifiesto al país: ¡SOS Petaquilla!” de las comunidades campesinas e indígenas constituye una prueba fehaciente del fantasma de la desesperanza y la muerte que recorre Panamá.

¿Dónde están los representante del Dios vivo que clama justicia y está siendo asesinado en el Panamá Profundo? El buen samaritano está de vacaciones. Los maestros de la ley, los jerarcas y la iglesia de arriba está muy ocupada atendiendo sus relaciones públicas con la gente del poder. Las bendiciones y acompañamiento de los encopetados -los de “penachos” en la Iglesia- son para los mismos responsables de la golpiza de muerte que recibe el pueblo de Panamá.

Nuestro más profundo rechazo y maldición a los negociantes mineros y todos sus cómplices en el gobierno, en las iglesias, en las autoridades locales y en los medios de comunicación. Nuestra más profunda solidaridad con las comunidades organizadas que lucha por la vida, la esperanza y la defensa de la tierra y los ríos en donde viven y trabajan.

(full text).

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